Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Por las oraciones de nuestros Santos Padres, Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de nosotros. Amén.
Una parábola
En cierta ocasión, un padre anciano informa a un hermano más joven que al día siguiente irían a un lugar para realizar una labor habitual. Todo marcha bien hasta que el hermano se da cuenta de que no van al lugar que él imaginaba, sino a otro más lejano. Entonces empieza a protestar, a imponer su voluntad, diciendo que deberían ir a donde él quería para regresar antes y poder dormir.
El anciano le corta la voluntad, especialmente porque en el primer lugar había muchas abejas que impedían trabajar adecuadamente.
Después de desahogar su porción de quejas y completar la obediencia, el hermano se calma. En el camino de regreso le dice al anciano que no había dormido bien la noche anterior y quería volver antes para descansar. El anciano, preocupado, le pregunta por qué no había dormido bien, y al final se entera de que el hermano había tomado café por la noche más tarde de lo habitual y, por eso, no pudo dormir.
El problema no era el café, sino la falta de humildad, que implica una comunicación sincera.
El hermano debió decirle con humildad y paz:
“Padre, perdóneme, no dormí bien anoche y estoy cansado. Si hay bendición, sería bueno ir a un lugar más cercano”,
de modo que el amor se conservara intacto. Este pequeño ejemplo muestra cómo a veces el egoísmo y la voluntad propia se expresan incluso sin un error evidente.
La simplicidad de la esperanza y la fe
Un caso contrario: hace años, en una monasterio del Monte Athos, vivía un anciano convencido de que el patrono del monasterio, Αγία Ανάληψη (la Santa Ascensión), era una gran santa.
Él tenía gran devoción por ella, sin saber que se refería en realidad a la Ascensión del Señor.
Un día, recibiendo a unos peregrinos y sin nada que ofrecerles, fue al mar y oró:
“Santa Ascensión, por favor, dame un pez, no tengo qué darles de comer a los huéspedes.”
Y del mar saltó un gran pez que él preparó para servirlos.
En ese mismo monasterio, otro monje no tenía lámpara en su celda y leía con la luz increada que salía de él, convencido de que todos los monjes leían de igual manera.
¿Qué es una pasión?
La diferencia entre el apasionado y el desapasionado (nepătimitor) es:
La pasión es el amor egoísta por uno mismo, la concentración en el “yo” y el descuido del prójimo, comenzando por Dios.
Aunque debamos evitar a quienes intentan desviarnos del camino de Dios, debemos amarlos compasivamente, ya que la primera víctima de su comportamiento son ellos mismos.
El Reino de los Cielos
Todos estamos llamados a dirigirnos hacia Dios, el Rey celestial, para ser semejantes a Él mediante la unión con Él en el Reino de los Cielos.
Este Reino se llama así por varias razones:
- Como lugar, es el universo transfigurado, más allá de los 93 mil millones de años luz.
- Como estado, es lo más inmaterial dentro de la creación, lo más alejado de la materia, así como Dios es absolutamente inmaterial.
- También porque desde el cielo se ve todo: visión global, sin limitaciones pasionales.
Este estado comienza ya desde aquí, si nos limpiamos del barro de las pasiones. Entonces entra en el diamante del corazón la luz amorosa de la energía increada.
Esto es nepătimirea, una condición que crece como el alba disipa la noche oscura de las pasiones.
El alma iluminada se espiritualiza cada vez más. Uno de los efectos principales de la energía increada es reunir las partes del alma bajo la dirección de la mente, el “ojo del alma”, por donde entra la visión de la luz divina.
Quien ha alcanzado esta luz, no le teme al diablo.
Sin embargo, debe permanecer humilde, pues todo lo que tiene viene de su unión con Dios.
Nepătimirea
El hombre verdaderamente desapasionado no se afecta por nada, ha espiritualizado el cuerpo y elevado la mente por encima de la creación.
Esta insensibilidad a las pasiones, llena de amor a Dios, es nepătimirea.
El cuerpo se espiritualiza cuando los sentidos obedecen a la mente; el alma, cuando obedece al Señor.
Este enfoque trae al alma una alegría y realización que supera todo lo creado.
Pero ¡cuidado!
Muchas veces, bajo la máscara de la nepătimire, se esconden pasiones que hieren a los demás con desprecio.
Por eso, el discernimiento es esencial.
Nos alejamos de ciertas personas no por odio, sino porque cerca de ellas no logramos acercarnos a Dios.
Unidad y claridad de la mente
Cuando el hombre se libera de la fragmentación del mundo, su mente recupera la unidad, estabilidad y claridad original, pudiendo ver a Dios.
Si está agitada, la mente es turbia como el agua removida; si se aquieta, se vuelve cristalina.
La perfección de la mente
La perfección de la mente no es un techo estático, sino un dinamismo pleno.
Es un descanso activo, siempre en crecimiento.
En el Reino, todos están llenos según la capacidad de su vaso, pero ese vaso puede crecer:
“De gloria en gloria, de cielo en cielo, de rapto en rapto.”
Salud del alma
El desapasionado es el verdaderamente sano del alma, en distintos grados.
El alma sana no se apega a cosas ni las desea obsesivamente.
La salud del alma se alcanza cumpliendo los mandamientos, que son terapéuticos, no legales.
Necesitamos un guía espiritual experimentado, validado por Dios, para aplicarlos con discernimiento.
No debemos quedarnos paralizados. Hay que empezar el camino con constancia y humildad, sin temor a los “piratas noéticos” (tentaciones demoníacas) que intentan hundir la barca de nuestra mente.
La verdadera nepătimire
Es el inicio de la unión con Dios.
Allí ya no se teme a Dios, porque el amor expulsa el miedo.
Esta experiencia lleva a una sobria embriaguez espiritual, donde todo es luz y vida verdadera.
Plenitud humana
Solo Dios puede llenar plenamente al hombre.
El Espíritu puede desbordarse tanto, que los santos como David o san Silvano pedían que el Señor disminuyera un poco el don para poder respirar.
Hoy vivimos vidas sin rumbo porque no amamos verdaderamente a nadie fuera de nosotros mismos.
Virtud vs Placer
Nepătimirea es una impregnación real de virtud, superior al placer químico que busca el pecador.
El asceta se priva incluso de comidas sabrosas para conservar su libertad interior.
Una historia cuenta cómo un monje evitaba postres, pero tras probar uno muy sabroso, empezó a buscarlos hasta que se reprendió y se detuvo.
Enfocar la mente
La mente debe centrarse en Dios y en la eternidad, no en lo pasajero.
La lógica se ocupa de lo temporal, la mente de lo eterno.
Riqueza
La cúspide de la codicia es nunca detenerse.
El avaro nunca se sacia.
En cambio, la no posesividad verdadera es incluso despreciar el propio cuerpo si este impide el progreso espiritual.
Descanso verdadero
La verdadera paz no viene de la pereza ni del confort, sino de la santidad, que es la realización de la persona.
Los santos eran firmes tanto en elogios como en insultos.
La verdadera paciencia es considerar todo sufrimiento como descanso.
Esto se logra con autorreproche, esperanza y oración.
Ejemplo de falsa calma
Un hermano parecía muy tranquilo ante las críticas, hasta que dijo:
“¿Crees que me voy a preocupar por esos perros?”
¡Eso no era nepătimire, sino desprecio!
El verdadero calmado no guarda ira oculta, ni planea venganzas.
Imagen de Dios y distorsión
El hombre es creado a imagen de Dios, pero puede distorsionarse hasta lo grotesco si se autodeifica.
Comunión en Cristo
En Cristo, todos somos una sola entidad, como Dios es Uno en Tres Personas.
Sin Él, somos materia oscura.
Con Su energía increada, nos interconectamos, colaboramos y conservamos nuestra identidad en la unidad.
Verdadera humildad
Es reconocer que somos nada por nosotros mismos, pero de valor infinito en Cristo.
Para mantenernos en equilibrio entre el abismo del orgullo y la negación, debemos tener un pie en nuestra nada y otro en nuestra dignidad divina, mirando solo al Sol de justicia: Cristo.
Ignorar los pensamientos como signo de nepătimire
El santo desapasionado no toma en cuenta ningún pensamiento, no sabe ni cómo vinieron ni cómo se fueron.
Vive unido a Dios, y es Cristo quien vive en él.
Siente la voluntad divina como un susurro superior a toda ciencia humana.
La buena lucha
El alma que ha alcanzado esta unión espera su encuentro con Dios, restaurada en la belleza original de Adán.
Pero la corona celestial no se compone de una sola joya.
No se alcanza nepătimirea sin todas las virtudes.
Conclusión
Debemos cortar las cuerdas que nos atan al mundo, derribar los muros del egoísmo y dejar entrar la luz del amor divino.
El tiempo es limitado. No digamos “mañana”, porque la postergación es un arma del diablo.
Empecemos con poco, pero con constancia, bajo la guía de un padre espiritual, hasta alcanzar la nepătimire, que es nuestra meta y plenitud.
¡Que Dios nos conceda a todos alcanzar este estado bendito! Amén.
Gracias por permanecer hasta el final.
Por las oraciones de nuestros Santos Padres, Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de nosotros. Amén.
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