¡Bienvenidos a todos! ¡Dios los bendiga! ¡Cristo ha resucitado!
Muchas gracias por seguirnos. Tengo una reflexión para su ánimo que he titulado: «Tu mayor obstáculo».

Pero antes de decir algo sobre esto, quiero desearles, si son madres, abuelas, bisabuelas o madrinas, un muy feliz Día de la Madre este próximo domingo. Y para los demás, no olviden a sus madres, abuelas, bisabuelas, madrinas y madres espirituales. No olviden a ninguna de ellas. Es una fiesta maravillosa. Estas celebraciones nacionales en América —el Día de la Madre y el Día del Padre— son días que debemos amar y atesorar. Este es el segundo año, el segundo Día de la Madre que celebro sin mi madre. Dios conceda el descanso a su hermosa alma. Cuiden a su madre y valórenla mientras puedan.

He impartido un curso en la Escuela Catequética San Juan Crisóstomo sobre nuevos santos y ancianos espirituales. He hecho esto periódicamente a lo largo de los años, a medida que he leído relatos y han estado disponibles nuevas narraciones sobre santos recientes, y me alegra muchísimo enseñar este curso. Uno de los ancianos recientes sobre los que di una conferencia fue un increíble padre espiritual rumano llamado Padre Arsenie Papacioc, que durmió en el Señor con más de 90 años, en 2011. Algunas de sus enseñanzas y escritos, así como una hermosa biografía, han sido traducidos y publicados en inglés por la Editorial San Herman: «La eternidad escondida en un instante: vida y sabiduría del starets Arsenie Papacioc» y una colección de sus enseñanzas: «Cada suspiro puede ser una oración». Las recomiendo calurosamente.

Hay una palabra del Padre Arsenie que quiero transmitirles para animarlos respecto a cuál es el mayor obstáculo en su vida espiritual. Él decía:

«El primer enemigo en el camino de tu progreso espiritual eres tú mismo. Renuncia a tu propio yo. Renuncia a tu orgullo y a tus exigencias. No mires alrededor buscando a tus adversarios, mírate dentro de ti mismo.»

Un consejo hermoso. Y si han seguido mis enseñanzas durante un tiempo, sabrán que esto lo he sugerido muchas veces, basándome en distintos santos y en las Escrituras: en lugar de exteriorizar nuestros conflictos, debemos mirar dentro. Claro que tenemos enemigos externos —los demonios—, pero ellos han sido derrotados y prácticamente despojados de poder por Cristo mismo. El obstáculo principal que enfrentamos somos nosotros mismos: nuestros deseos desordenados, nuestra propia voluntad y, en especial, nuestro orgullo.

El Padre Arsenie daba este consejo también a quienes pensaban en la vida monástica y buscaban «el mejor» monasterio al que pudieran ir. Él desalentaba esa actitud con firmeza. Y este consejo lo aplico yo a quienes buscan parroquias. Él decía:

«No vas a un monasterio para encontrar un monasterio, sino para crearlo mediante tu obediencia, tu perseverancia en renunciar a tu voluntad propia. Por la forma en que sabes comportarte, tú creas un monasterio.»

Qué enseñanza tan hermosa. Así también con las parroquias: no vayan buscando «la mejor» parroquia, sino con la disposición de crear una parroquia mediante su obediencia y renuncia personal. No vayan a encontrarla, vayan a edificarla.

Quiero dejarles otras palabras suyas. Pronto, quizá en uno o dos meses, publicaremos nuestra nueva serie «Si el mundo continúa» sobre nuevos santos y ancianos, y podrán escuchar una conferencia más extensa sobre su vida y la de otros santos recientes.

En su vida hubo un episodio notable. El Padre Arsenie fue arrestado en los años 50, como muchos obispos, sacerdotes y monjes, y encarcelado en condiciones brutales en una de las peores prisiones comunistas de Rumanía, donde fue torturado y llevado al borde de la muerte durante largos periodos. Esto fue consecuencia del infame Decreto 410, que disolvió el monacato y estableció que nadie menor de 55 años podía ser monje. Miles de monjes y monjas fueron expulsados de sus monasterios.

En 1964 hubo una amnistía general, y aunque le quedaban muchos años de condena falsa, fue liberado. Al salir, tomó un tren con algunos hermanos y por primera vez vio a jóvenes vestidos de manera indecente y comportándose de forma salvaje en público, algo que nunca había presenciado. En el tren, una muchacha con minifalda le preguntó qué opinaba de su falda. Él respondió:

«Soy monje, y hasta ahora nunca había visto las piernas de una mujer por encima de las rodillas, pero jamás habría pensado que fueran tan feas.»

Tenía también una profunda enseñanza sobre el perdón. Algunos de sus compañeros de prisión no entendían que él se negara a guardar rencor a sus torturadores, incluso tras 14 años en prisión. Él los llamaba «hermanos». Cuando un preso le dijo que eran diablos, respondió:

«Te equivocas. Ellos fueron creados a la misma imagen que nosotros. Son también nuestros hermanos en el Señor. El enemigo al que no puedes perdonar es como una fiera salvaje que llevas a cuestas. El condenado no es él, eres tú, porque te vuelves esclavo de tu resentimiento. El remedio dura solo una nanosegundo: sacúdete la fiera de encima y enseguida te sentirás ligero y libre.»

Otra anécdota: cuando fue arrestado por el Decreto 410, vinieron 89 policías armados a medianoche a llevárselo. Al salir les dijo:

«Han venido a sacudir la montaña, y he aquí que sale un ratón.»

Y a los soldados que se burlaban de los monjes que le besaban la mano, les dijo:

«No se preocupen. Pronto ustedes también me besarán la mano.»

Y así fue: después de la caída del comunismo, muchos de aquellos soldados lo buscaron para pedirle perdón y recibir su bendición.

¡Qué hombre! Que el Señor nos ayude a vencer nuestro mayor obstáculo: nosotros mismos y nuestra propia voluntad. Que Dios nos conceda la renuncia de nosotros mismos. ¡Cristo ha resucitado!

https://www.chilieathonita.ro/2025/08/14/cel-mai-mare-obstacol-al-tau-p-iosia-trenham

Por Vasilije

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