¡Bienvenidos todos! ¡Que Dios los bendiga! ¡Muchas gracias por estar con nosotros!
Hoy tengo una reflexión para ustedes que llamo Signos de renovación.

Esta mañana iba conduciendo hacia la Iglesia con mis dos hijas menores y hablábamos de cómo nos sentíamos. Anoche —el jueves por la noche en mi casa es la noche familiar—, después de regresar de la Iglesia y de que los niños terminaran sus deberes, pasamos un tiempo juntos y hacemos cosas interesantes los jueves por la noche. Anoche decidimos ver un video de Johnny Harris sobre por qué las personas contemporáneas están tan cansadas.

Fue un video educativo fascinante, como muchos de los de J. Harris. ¡Maravilloso! Lo comentamos. Esta mañana, mientras nos dirigíamos a la Iglesia —las niñas, por supuesto, van a la escuela aquí, en la Academia de la Parroquia—, todos estábamos un poco adormilados y, al prepararnos para entrar en la Iglesia, se dio una curiosa confluencia de tres coches Tesla. Uno salía de la Iglesia y giraba a la derecha, otro estaba delante de nosotros girando a la izquierda hacia la Iglesia, y otro venía hacia nosotros para girar a la derecha hacia la Iglesia. Uno de los coches era uno de esos nuevos camiones Tesla que parecen de ciencia ficción, y hablábamos de ellos, riéndonos, imaginando si Tesla podría fabricar un coche para dormir, de modo que uno simplemente subiera, eligiera el destino y se quedara dormido.

Algunos de ustedes dirán que ya existe la conducción autónoma. Yo no creo que deba usarse así, pero bromeaba con mis hijas recordándoles al gran naturalista californiano John Muir, cuyas obras llevaron a la conservación del Parque Yosemite del estado. Es una figura fascinante en la historia estadounidense. Les conté a las niñas que cuando John Muir era joven, cuando era estudiante universitario —creo que en la Universidad de Michigan—, estudiaba ciencias. Su gran amor por la botánica estaba apenas desarrollándose en su vida. Esto fue antes de emprender su viaje de mil millas. El rector de la universidad solía llevar visitantes y dignatarios para ver la habitación de residencia de John, porque era un laboratorio científico con sus propias creaciones. Y una de esas creaciones era una cama con resortes conectada a una alarma, de modo que cuando sonaba por la mañana, la cama se levantaba y lanzaba por los aires a la persona que dormía en ella, con la idea de que aterrizara de pie y comenzara el día. Era su manera de acabar con el temido síndrome del “no puedo levantarme de la cama” de tantos estudiantes.

¿Cómo aprovechar al máximo la vida? ¿Cómo renovarse cada día? ¿Cómo podemos ver la renovación en la Iglesia? ¿Cómo podemos estar plenamente presentes, despiertos e implicados en la misión de la Iglesia de crecer? Quisiera presentarles para su reflexión algunos signos confiables de renovación en la Iglesia. Cinco signos claros que, si están presentes, indican que la Iglesia prospera y crece. Por supuesto, la Iglesia es un cuerpo dinámico y, según la fidelidad o infidelidad de su liderazgo y de sus miembros, la Iglesia prospera o decae.

Si leen las siete cartas del Señor a las siete iglesias de Asia Menor, que se encuentran en el Apocalipsis, capítulos 2 y 3, reconocerán allí que algunas Iglesias prosperaban y otras estaban en decadencia. Pero verán también la absoluta determinación de Jesús de hacer responsables a Sus discípulos de servirle y de promover la causa de Su gran misión en la Tierra. Él vela, está en medio de nosotros. Los ortodoxos decimos esto constantemente: ¡Cristo está en medio de nosotros! Por supuesto, esto suele ser una realidad reconfortante, pero también puede ser una realidad aterradora, como vemos en esas cartas. Que Él esté en medio de nosotros significa que tenemos al Señor supremo haciéndonos responsables de ser Sus discípulos. No solo en el Día del Juicio, el gran día de la responsabilidad, sino ahora. Él vela, Él preside desde Su sesión divina a la derecha del Padre y observa a las Iglesias. Camina en medio de nosotros, nos llama al arrepentimiento y, en el caso de la última carta, está a la puerta y llama, esperando que le dejemos entrar en Su propia Iglesia, a veces. Pero estemos donde estemos, prosperando o decayendo, creciendo y sirviendo al Señor o retrocediendo, no existe la posibilidad de quedarnos quietos, porque la Iglesia es dinámica y el Señor está verdaderamente en medio de nosotros, llamándonos y ayudándonos.

Recientemente he visto una serie de mensajes enviados por feligreses que, en sus redes sociales, vieron publicaciones que afirmaban ser producto de la inteligencia artificial y de motores de búsqueda como ChatGPT, diciendo que la Santa Ortodoxia, el cristianismo ortodoxo, ha experimentado un crecimiento explosivo en los Estados Unidos. He visto recientemente dos estadísticas diferentes que afirmaban que hemos pasado de 800.000 a 6 millones. Ahora, perdónenme: pueden llamarme Tomás el incrédulo, pero no lo creo. No solo no lo creo, sino que pienso que es 100 % inventado. Ha habido un crecimiento desde la época del Covid. Parece que tenemos algunos documentos que indican que esto es así, y ciertamente he oído durante algunos años, desde todas partes del país y de Occidente, no solo en Estados Unidos, que hay un gran número de personas que llegan a la Iglesia por primera vez. No creo que haya ningún lugar en Occidente donde esto no esté ocurriendo. Pero ¿tenemos estadísticas precisas sobre esto? No, hasta donde yo he visto. Espero que las tengamos.

Los ortodoxos en Occidente no hemos estado lo suficientemente preocupados por conservar estadísticas. En los apenas tres decenios que llevo siendo sacerdote, las pocas estadísticas que se conservaron y promovieron oficialmente cuando me ordené prácticamente han desaparecido hoy. Bautismos, defunciones, matrimonios, divorcios… son cosas que el sacerdote simplemente ya no registra, lo cual no creo que sea una buena señal de cuidado. Creo que cuanto más nos importa algo, más lo seguimos de cerca, y especialmente cuando se trata de renovación, deberíamos estar muy interesados. ¿Ha pasado realmente la Iglesia de 800.000 a 6 millones de personas en cuatro años? Pues ciertamente, antes del Covid, tenemos documentos —no muchos, pero algunos— sobre la increíble disminución de la Iglesia, combinada con el escandaloso silencio sobre esa disminución. No hay mucho que hacer al respecto salvo llorar.

Ha habido crecimiento, sí, pero ¿ha sido del 750 %? ¿De 800.000 a 6 millones? ¡No lo creo! Si así fuera, es decir, si hubiera un crecimiento del 750 %, ¿veríamos 20.000 nuevas iglesias construidas en todo el país? Tenemos quizá unas 2.500 iglesias ortodoxas en América. ¿Vemos decenas de miles en construcción? ¡No! Vemos muchas iglesias planificadas, pero no vemos ese tipo de cifras.

¿Cuáles son los signos claros de renovación? Permítanme sugerir cinco.

1. Un aumento de las conversiones.
Y esto significa un aumento de los curiosos, un aumento del número de catecúmenos, un aumento de bautismos y de personas que ingresan en la Iglesia. Creo que sabemos que esto está ocurriendo, pero todavía estamos a la espera. Necesitamos —y espero que lo recibamos— una palabra definitiva de la Asamblea de los Obispos Ortodoxos de América sobre este tema. Ese sería un signo claro de renovación.

2. La reforma del clero.
Este es uno de los principales signos que san Juan Crisóstomo presenta como fundamental para la renovación cristiana y para la prosperidad futura de la Iglesia: la reforma del clero. Esto implicaría un aumento de la piedad entre el clero, expresada de muchas maneras: en el cuidado devoto de sus propias familias, en su dedicación a la Santa Mesa y a la Iglesia, en los oficios diarios, en las visitas, el trabajo, el estudio, la predicación y la enseñanza, en la visita celosa a los feligreses y también en la multiplicación del clero. Recuerden que san Juan Crisóstomo, en su célebre Tratado sobre el sacerdocio, dice que la primera causa del declive de la Iglesia —es decir, lo opuesto a la renovación— es la ordenación de personas inadecuadas, la ordenación de hombres que no deberían estar en el clero. Este es el segundo signo: la reforma del clero.

3. Un crecimiento de la vida monástica.
Si la Iglesia se renueva, veremos crecer y prosperar nuestros monasterios, con monjes y monjas jóvenes, de mediana edad y ancianos.

4. Estabilidad en la vida matrimonial.
San Juan Crisóstomo es muy firme en esto. Si la Iglesia está en proceso de renovación, veremos menos divorcios, más reconciliación, más hijos, el deseo de las parejas de formar familias y trabajar duro. Veremos un crecimiento de la educación cristiana, padres suficientemente preocupados por sus hijos como para invertir tiempo y dinero en una excelente educación cristiana para ellos, educación en casa y educación en la Iglesia. Veremos celo por la fundación de matrimonios en la Iglesia y hogares que sean pequeños puestos avanzados del Reino de Dios, iglesias domésticas.

5. Impacto en la esfera pública.
Y finalmente veremos —y esto es importante porque creo que hay mucha confusión en este ámbito— que si la Iglesia se renueva y prospera en cualquier sociedad, nunca permitirá ser marginada ni reducida a un grupo pietista limitado al edificio de la Iglesia, a los cuatro muros, como quisieran los secularistas. La libertad religiosa… recuerden que el presidente Obama sugirió que la libertad religiosa significa que puedes hacer lo que quieras dentro de los cuatro muros de tu Iglesia. ¡Qué absurdo! La libertad religiosa significa que los cristianos pueden practicar su fe conforme a su conciencia y a su fe misma, en público, sin ser hostigados. En público, no solo en la intimidad de los muros de su Iglesia. Esto significa que un signo de renovación es la inversión eclesial y el impacto en el ámbito público, en el gobierno y en la esfera civil.

Ningún cristiano ortodoxo —ningún santo— ha tolerado jamás la idea de que un cristianismo fuerte sea reducido a una forma de pietismo que no haga que la educación, la medicina, el comercio y el gobierno rindan culto a Jesucristo. Él es Señor de todos: de la esfera privada, de la esfera eclesial y de la esfera pública. De hecho, Él transforma toda la realidad, la esfera del mundo entero, en Su Reino. Eso es lo que hace: extiende la Buena Nueva hasta los confines de la tierra, para que cada persona pueda entrar en Su Reino y luego hacer, allí donde vive, una pregustación del Reino de Dios, hasta que el conocimiento de Dios cubra la tierra como las aguas cubren el mar. Esta es la visión profética, este es el llamado de la Iglesia.

Tenemos hermosos ejemplos de este tipo. Cuando la Iglesia prosperaba y esto se manifestaba en sus gobernantes, en aquellos a quienes se les había dado autoridad para gobernar la sociedad —los que, según san Pablo en Romanos 13, han sido puestos por Dios para gobernar en la esfera civil—, encontramos muchos ejemplos. Uno de ellos es el gran san emperador Justiniano. Justiniano el Grande era bien conocido por su devoción y por su trabajo para llevar la palabra de Cristo a la expresión pública en su palacio de Constantinopla cada noche. Había una broma feliz en el Imperio: cuando se apagaban las luces, aparecían las vestiduras negras en el Palacio Imperial. Recuerden que Teodora, su esposa, murió muchos años antes que él y que nunca volvió a casarse. Ayunaba estrictamente, comía solo hongos secos durante la Gran Cuaresma y pasaba sus noches con obispos, sacerdotes y monjes, estudiando las Santas Escrituras y trabajando y orando para ver cómo podía llevar la gloria de Cristo a la esfera pública.

Otro buen ejemplo es el emperador Teodosio el Joven, hermano de la santa emperatriz Pulqueria. Fue el sucesor de los terribles emperadores Arcadio y Eudoxia, perseguidores de san Juan Crisóstomo. Teodosio el Joven también era conocido por su profundo interés en la teología y en el estudio de las Escrituras, y por cómo su piedad informaba y animaba a todo el territorio del imperio.

Estos son los cinco signos. ¿Estamos ante una verdadera renovación? ¿Hay un aumento de las conversiones? ¿Se ha reformado el clero? ¿Crece el monaquismo? ¿Se mantienen y se inspiran los matrimonios cristianos por la visión cristiana? Y finalmente, ¿tenemos impacto en la esfera pública? ¿Llevamos la misericordia de Dios? ¿Vemos un gran aumento de obras de misericordia y caridad en hospitales y obras sociales exclusivamente cristianas, así como en el derecho, la educación, la medicina y otros ámbitos?

Quiero concluir esta reflexión sobre los signos de renovación con una palabra de ánimo sobre la posibilidad de crecimiento y su impacto. Si cada uno de nosotros orara y trabajara para ganar a una persona más por año… Digamos que comienzas ahora. Has escuchado esta reflexión sobre los signos de renovación y decides que tu objetivo para el año que viene será el siguiente: orarás cada día para que el Señor te ayude a encontrar y ganar a una persona para la fe, y luego enseñarás a esa persona que has ganado, de la cual te convertirás en padrino o madrina, a hacer lo mismo. Y al año siguiente, ustedes dos orarán para ganar a una más.

Así pasarían de una persona a dos en un año, de dos a cuatro, si Dios lo permite. Y me cuesta imaginar que si uno de nosotros le pide sinceramente al Señor que nos ayude a encontrar y ganar a otra persona para la Iglesia, Él no responda a esa oración. ¿Cuántas personas ganarías en 30 años? Si hicieras esto durante 30 años, ganando una persona por año y enseñándole a ganar a otra, ¿cuántos serían al final de 30 años? Déjenme decirles los números: se pasaría de 1 a 2, de 2 a 4, de 4 a 8, de 8 a 16, de 16 a 32, de 32 a 64, de 64 a 128, de 128 a 256, de 256 a 512, de 512 a 1024, de 1024 a 2048, de 2048 a 4096… ya entienden a qué me refiero… (toma unos cinco minutos) hasta 1.073.742.112 personas en 30 años, si una persona gana a una persona por año para la Ortodoxia.

Creo que si comenzamos en el año uno, suena bastante razonable, ¿no? Que el Señor nos bendiga para estar profundamente interesados en la renovación de la Iglesia, en la prosperidad del Evangelio en la Tierra, y que nos conceda la gracia de ser personas amorosas y atractivas, para que, mediante la oración y la misericordia de Dios, seamos capaces de ganar tan solo a otra persona por año y transmitir esa ambición a esa persona, de modo que podamos multiplicar la gracia de Dios en la vida de las personas.

¡Que Dios esté con ustedes!

Por Vasilije

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *