6 de febrero de 2026 – 17:09
El viernes se celebró en Veliki Kaptol el tradicional desayuno de oración de la diócesis de Sisak, organizado por la Oficina para la Promoción de la Doctrina Social de la Iglesia, y el ponente principal fue el arzobispo de Zagreb, Dražen Kutleša, quien habló sobre la conciencia y el bien común en tiempos de crisis antropológica.
Kutleša señaló que no hablaba como analista político ni como promotor de ningún programa político, sino que advirtió sobre una crisis antropológica, destacando que la pérdida de la verdad sobre el ser humano conduce al relativismo y a la pérdida de los criterios del bien y del mal.
“Hemos tenido una demostración de cortocircuito en los derechos humanos en el reciente caso de la decisión del Tribunal Constitucional, que abrió el camino a la gestación subrogada, a pesar de que está expresamente prohibida en Croacia”, afirmó.
“El Tribunal Constitucional impugnó la decisión del registrador civil de rechazar la inscripción de un niño con datos falsos sobre su origen, es decir, sobre sus padres biológicos, invocando el derecho del niño a la identidad. Podemos preguntarnos de qué identidad hablamos cuando la dignidad humana fundamental es pisoteada al reducir al niño a un producto por encargo y a las mujeres a vientres de alquiler”, advirtió el arzobispo.
En el centro de su intervención estuvo la protección de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, junto con críticas al aborto, la eutanasia y la gestación subrogada, que describió como signos de una cultura que mide el valor de la vida por su utilidad.
Destacó especialmente la importancia de la familia basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, como célula fundamental de la sociedad y condición previa para la renovación demográfica y social.
Kutleša subrayó que las cuestiones clave de la sociedad —desde la paz y la cultura política hasta la demografía, la familia y la protección de la vida— siempre vuelven a la cuestión de la conciencia, afirmando que la Iglesia católica no introduce programas políticos en el espacio público ni busca privilegios, sino que desea contribuir a la formación de las personas y a la renovación de los fundamentos morales de la sociedad.
“La Iglesia católica no ofrece una sociedad perfecta en la tierra, pero sí el camino más realista hacia una sociedad más humana, más justa y más resistente a las crisis. Por eso esta conclusión no es teórica, sino una invitación: dar una oportunidad en la vida pública —en la legislación, la educación, la cultura y la formación de la conciencia— a la razón iluminada por la fe.”
Un pueblo que pierde la verdad sobre el ser humano perderá también la sociedad, y un pueblo que se atreva de nuevo a construir sobre la verdad, la razón y la responsabilidad moral tiene futuro, afirmó Kutleša.
Fuente: HINA / Slobodna Dalmacija
